NOS EMPUJAN A LA GUERRA ,Y LO PERMITIMOS

Por Jeyfer Acosta Maldonado ||

Nos empujan a la guerra cada día, con cada noticia, con cada no, con cada fusil que compraron con nuestro dinero, en cualquier lugar de este milenario lugar. Nos empujaron a la guerra cuando nos dijeron que pedíamos demasiado, que el suelo en el que sembrabamos nuestro alimento no era nuestro sino de unos pocos. Cuando prefirieron enviar un batallón del Ejército y no a dos docentes, un salón de clases y unos cuantos libros. Cuando nos acusaron de auxiliadores de la guerrilla y borraron nuestro pueblo del mapa e inscribieron nuestros nombres en las frías estadísticas de la muerte, de los desaparecidos, de los desplazados, de los invisibilizados.

Nos empujaron a la guerra cuando engañaron a nuestros indígenas con espejos a cambio de su oro, cuando le dijeron a nuestros abuelos que el cemento era igual a progreso, cuando a nuestros padres les hablaron del libre mercado y cuando nos dijeron deliberadamente que habíamos votado a favor de la guerra porque esa paz estaba mal hecha. Lo hicieron cuando sembraron el campo con los cuerpos de jóvenes y campesinos, que también engañaron con ofertas de un mejor trabajo para ellos y su familia, pero a cambio recibieron la fría bala destrozando su cráneo y manchando un uniforme que en su vida habían visto.

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Foto: Milicianos de la Guerra Civil Española

Nos empujan a la guerra cada vez que a una madre la llaman loca por seguir excavando en la tenebrosa verdad en la que sepultaron a sus hijos, en adentrarse monte adentro a reclamar y a enfrentarse con quienes reclutan a sus retoños. Cuando convirtieron el negacionismo en el discurso oficial, y aquí nunca ha pasado nada o todos es un mito, un discurso generador de odio contra los héroes y servidores de la patria, allí dijeron guerra sin decir guerra.

Nos empujan a la guerra cuando nos llaman zorras, putas, vagos, guerrilleros, drogadictos, desocupados, apátridas, ladrones porque hoy no aceptamos que la nueva forma de terrorismo de Estado sea decir “no hay dinero, no hay presupuesto para eso que piden”. Cuando no hay recursos para la educación, para la mujer, para la JEP, la CEV, para los campesinos, para los indígenas, para los negros, para los ex-guerrilleros le dan de comer de manera consciente a la guerra.

Y así nos empujan a ser traficantes de sonrisas clandestinas porque demasiada felicidad en una persona ya es sospechosa y amerita castigo “divino”, humano o de la naturaleza. Y nos empujan a la guerra entre nosotros cuando repetimos sus discursos llenos de odio para descalificar al que ya no quiere marchar con nosotros al llamarlo marica, drogadicto, puta, violento, radical, políticamente incorrecto, pequeñoburgués, lumpen. Y ¿por qué no?: Vago, jipi, disidente y lesbiana de manera despectiva echándole una palada de tierra a las luchas de los que prefirieron hacer trochas en el inventar y errar por su cuenta. De esta manera nos empujan a la guerra, y lo permitimos.